
Uno de los humedales característicos de la Ribera de Navarra.
Aunque se distingue entre Ribera Estellesa y Ribera Tudelana, debido a la influencia de sus dos núcleos rectores –Estella y Tudela–, ambas Riberas tienen tanto en común que se pueden definir conjuntamente. Si acaso una y otra se diferenciarían en que la primera –la de Estella– tiene un suave relieve de crestas, combas, valles anticlinales de tipo diapírico y sinclinales colgados, y la otra, la tudelana, se caracteriza por llanuras o plataformas estructurales, cerros testigos y planicies aluviales escalonadas.
El clima de la Ribera es de tipo mediterráneo continental, propio de la depresión del Ebro, con veranos secos, temperaturas con grandes oscilaciones anuales, pocas lluvias e irregulares –menos de 500 mm anuales– y fuerte presencia del cierzo.
De su paisaje vegetal, y debido a la acción humana, sólo quedan algunas reliquias de los encinares y pinares de carrasco originarios, y matorral mediterráneo de romero, tomillo, ollaga y esparto. Si no fuera por el Ebro, sus afluentes y el sistema de regadíos, la Ribera sería una comarca árida e inhóspita, en vez de la zona agrícola por excelencia de Navarra.