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España vivió y sufrió, durante la mayor parte del siglo XIX, los efectos de una larga guerra civil, discontinua pero persistente, en la que se alternaban periodos de combate abierto, conatos insurreccionales, exilios y etapas de tranquilidad más aparentes que reales.
En todo momento, como escribiera Miguel de Unamuno, era posible “sentir la paz como fundamento de la guerra y la guerra como fundamento de la paz”. La dialéctica revolución-contrarrevolución iba a presidir el siglo XIX. Liberales y carlistas mantuvieron en España un enfrentamiento permanente, que puede ser fácilmente reconstruido entre 1833 y 1876. Y, con algunos matices más, antes y después de estas fechas. Conflictos de alta, mediana y baja intensidad se sucedieron entonces. La violencia, en sus múltiples formas, fue un elemento esencial en este enfrentamiento.
Las II Jornadas proponen una reflexión sobre estas violencias fratricidas: sus causas, sus formas, sus desarrollos, sus consecuencias, sus mitificaciones y sus interpretaciones. Una reflexión que tiene muy en cuenta la dimensión europea del fenómeno, ya que el enfrentamiento civil entre revolucionarios y contrarrevolucionarios caracterizó también la historia de otros países vecinos, como Francia, Portugal o Italia, en la misma época.
Pensar la violencia puede ayudarnos a entender mejor la realidad compleja de un siglo, el siglo XIX, que supuso la entrada de España en la contemporaneidad.
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